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Soltero con hijos

by Cruel_Angel

No se cómo comenzar el update,
así que acá tiene tres gatos teniendo sexo.

Buenas tardes ciudadanos. Hacía tiempo que no escribía nada para LIA. ¿Me extrañaron? La media docena de cartas bomba que recibí en mi casa me dice que sí. Permítanme contarles que mientras escribo esto me encuentro de un particular buen humor; y no, no tiene nada que ver con mi reciente adicción al clonazepam. En esta ocasión son nada menos que el amor y la aprehensión familiar los responsables de mi felicidad.

Por supuesto que cuando hablo de amor familiar no me refiero a las personas con las que me crié; a esos cerdos solo las veo en el juzgado una vez al año. Me refería a las nuevas personitas que hace poco entraron en mi vida para cambiarla para siempre.

Les resumiré la historia.
El último trimestre del año pasado fui víctima de una profunda depresión. Una tras otra fracasaban mis relaciones afectivas. La que no se quejaba por mi falta de metas para el futuro lo hacia porque le pegaba, o porque le molestaba que invirtiese más tiempo en un daguero lvl 60 que en buscar trabajo. Y mejor ni hablo de las desilusiones; he comprado tantas liebres por gatos. Donde esperaba tener una hembra sedienta de sexo promiscuo no-convencional, encontraba una teen histérica que solo me quería para hacer catarsis sobre su ex novio abusivo o su padre que “no comprende su necesidad de espacio.”
No me tuve una sola relación normal. Ni larga, porque a las dos semanas más tardar se iban. Pase año nuevo solo, lamiendo los restos de helado del balde de 5 litros, brindando con Speed al ritmo de “Color Esperanza” de Diego Torres, mientras mi daguero recargaba MP y una lágrima solitaria se deslizaba por mi mejilla.
Fueron días grises y noches sin sueño. Y fue precisamente bajo esa oscuridad espiritual en la que me miré al espejo, encontré el reflejo del hombre en el que me había convertido, solté el pote de helado vacío y acaricié mi reflejo. Me dije “¿Qué te ha pasado Cruel Angel?” —porque en mis momentos de mayor introspección me llamo a mi mismo por mi nickname— “¿es acaso demasiado tarde para cambiar? ¿Ha sido todo el daño hecho ya?” Y entonces… le pedí perdón a aquella persona. A mí.
Luego me masturbé salvajemente para reconciliarme conmigo mismo. ¡Era un hombre nuevo! El 2007 recién comenzaba y el mundo estaba listo para ser tomado. Era el mejor de los tiempos y yo iba a aprovecharlo.

Me tomé unas vacaciones a Misiones; un viaje que siempre quise hacer y que siempre pospuse. La pasé fenómeno: visité las ruinas jesuitas, me tiré en barril por la Garganta del Diablo, fui resucitado por paramédicos luego de la experiencia anterior, casé tucanes, talé una secuoya. Pasé un montón de momentos kodak y el último día de mi estadía fui a hacer shopping a la triple frontera. Entonces los conocí.
Entre la enorme variedad de mercancía de dudosa procedencia que vendían en el lugar vi unas pequeñas gemas que captaron mi atención.
Un humilde mercader se encontraba vendiendo niños de todo tipo y color. Aseguro que mi intención no era llevarme nada, pero al acercarme al stand hice contacto visual con una de las criaturas y me enternecí como no lo hacía en años. El pequeño infante mordía sus grilletes con sus dientitos de leche, intentando en vano reclamar su libertad usurpada.

Mecánicamente pensé en mi inhabilidad para tener hijos. No tengo problemas con el “vicecomodoro Octavio Rodríguez” (así lo llamo) y mi número de células reproductoras es equilibrado. El problema es que cuando me excito libero unas hormonas que producen un olor penetrante no diferente al del pis de gato en celo, lo cual naturalmente ahuyenta a cualquier señorita lo suficientemente ingenua para creer mis mentiras y pretender copular conmigo. El caso es que de la nada surgió un instinto paternal que hasta entonces desconocía.
Para esa altura del viaje no me quedaban más de $16 así que solo pude traerme dos niños: Emilio, de siete años y João, de nueve.
Y esto nos lleva al tema del update. A lo largo de estos días de convivencia con mi nueva familia he ido recopilando experiencias y anotaciones con la esperanza de compartirlas con ustedes, mis lectores, algún día. El día es hoy y he aquí el resultado de mi amor incondicional y los $16 mejor invertidos hasta la fecha.

Esta es de cuando fui a conocer Salto del Coatí,
la cascada más pequeña del mundo

Criar un hijo es como hacer una metáfora que no tiene nada que ver con el tema que se está tratando. Visto de afuera parece una tarea ardua y dificultosa, llena de dolores, preocupaciones, mentiras y correrías legales. Como el sexo. Pero a diferencia del sexo, la crianza de un hijo trae numerosas recompensas a corto plazo. Veámoslo a manera de FAQ, así los más lentos de ustedes pueden seguirnos el ritmo a los demás.

¿Qué es un hijo?

Un hijo es algo así como una versión miniatura de vos, pero con menos problemas. Para definirlo de una manera “moderna”, vendría a ser como crearte un personaje secundario en un Server de algún MMORPG, al cual no le podés pasar ítems porque está en la misma cuenta que el principal (o sea vos). Este personaje secundario puede beneficiarse de tu progreso anterior, pero de manera indirecta. Tenés que ir a un lugar seguro donde no haya gente, tirar los ítems/plata al suelo, desloguear, loguear al otro pj, llevarlo a ese punto del mapa y agarrar los ítems que dropeaste antes. Este proceso se conoce como educación.

¿Para qué sirve un hijo?

Para varias cosas. Por un lado, para prolongar la especie. Por otro, para tener alguien que nos limpie cuando seamos demasiado viejos para controlar nuestros esfínteres. Además, un hijo es útil para hacer tareas engorrosas que no merecen nuestro tiempo, como limpiar la casa, hacernos los mandados, levelearnos el daguero, abrir las potenciales cartas bomba que recibimos, etc. Un hijo tiene muchas utilidades si se lo cría bien.

¿Cómo se consigue un hijo?

Hay dos maneras, la fácil y la difícil.
Podemos obtenerlo a través del acto sexual con una mujer a la que amemos o digamos amar y luego de esperar una gestación de nueve meses. Esta es la difícil. La fácil es la que hice yo, lo reconozco. Esto es, adoptándolo o comprándolo en algún lado, como ser la triple frontera.

Ya tengo un hijo, ¿ahora qué hago?

Empezá a criarlo, idiota.

¡¿Cómo?!

Un niño bien enseñado cuida la casa
y protege a la familia.

Bueno, eso depende de cada uno. Hay un montón de maneras de criar a un hijo. Cada persona tendrá una amplia gama de cursos a seguir y podrá elegir una que se adapte al tiempo y esfuerzo que le quiera dedicar al asunto.
Veamos algunas de las formas populares de criar a un hijo:

• A través del amor y la tolerancia: no es mala, pero consume mucho tiempo del que no disponemos. Claro, podríamos pasarnos el día cuidando y educando a nuestro primogénito, pero también podríamos invertir ese tiempo en farmear ingame, hacer buena plata y comprarnos esa daga con overenchant que tanto deseamos.
• A través de la televisión: rinde bastante si se dispone de cable. Se sintoniza el Discovery Kids, se posiciona al infante en un asiento oportunamente dispuesto frente a la TV y se lo deja ahí por un lapso de seis a diez horas diarias. Algo aprenderá.
• A través de un sistema de premios y recompensas que generen reacciones condicionadas: bastante eficiente. Practicado a temprana edad genera resultados a corto plazo que se prolongarán a lo largo de la vida del espéci- erhm, del nene.
• A través del miedo y la violencia: es rápido, conciso y con resultados hilarantes.
• A través de la religión: Solo la palabra del Señor puede evitar que sus ovejas se aparten del rebaño. Además, siempre es útil tener a mano un personaje vengativo y omnipotente para aterrorizar a nuestros hijos e inducirlos a que cumplan nuestros designios. Nota: este método requiere una Biblia o manifiesto religioso equivalente.

Ya tengo a mi hijo y creo que lo estoy criando, pero no veo movimiento de ningún tipo.

Lo importante en este trabajo es ser paciente. Un niño tarda alrededor de dieciséis años en convertirse en un ser humano. Es posible que en los primeros meses el progreso parezca len-

No, en serio, no veo que se mueva. Está ahí tirado en un rincón desde hace tres días. Solo le tiemblan los pies y cada tanto se sacude espasmódicamente. ¿Qué hago ahora?

No me hables más por favor.

Desde mi experiencia personal puedo decir que el proceso de crianza se fue dando de una manera natural y harmoniosa. Con la ayuda de quien jugábamos a llamar “el tío Ritalín” pude mantener a Emilio y João quietos y atentos durante valiosas horas todos los días. En ese tiempo les conté las grandes historias del mundo, los instruí sobre la fría amalgama de la soledad y el poder, les planteé las ventajas y desventajas de un daguero, les enseñé las plegarias y las danzas rituales. Cada noche les leería hasta dormirse extractos del Necronomicón. Los fines de semana los dejaría solos en una isla del Tigre para que aprendiesen a sobrevivir por su cuenta y para que yo pudiera ir al casino sin pagar la guardería.
Un día noté a João particularmente inquisitivo; senté a ambos niños a mi lado y vimos juntos Irreversible. Luego de eso los tres supimos que nuestra relación había madurado, junto con nuestro entendimiento de la naturaleza humana y el mundo en que vivimos. Un conocimiento que se probó costoso, sin embargo, pues desde entonces mis vástagos se negaron a hablar o caminar erguidos.

Luego de todo esto que dije se puede llegar a pensar que criar un hijo es una tarea fácil e instintiva. Por favor, no confundan. Si bien bestias y africanos tienden a recurrir al instinto para mantener a sus crías, nosotros los humanos debemos optar por el amor y el sentido común. Hay situaciones para las que el instinto no nos prepara. Toda clase de peligros esperan a la vuelta de la esquina, deseosos de extirpar con sus garras ponzoñosas las vidas de nuestros pequeños.
En mi tiempo como padre afronté toda clase de estos peligros. Es por eso que me veo no solo con la capacidad sino con la obligación de advertirlos. Lean con atención las siguientes líneas, pues sus hijos podrían correr los mismos riesgos si no están prevenidos.

Cuidado con el fuego y la electricidad.

No puedo resaltar lo suficiente este punto. Si algo me enseñó el The Sims es que las personas son particularmente vulnerables al fuego y a la corriente eléctrica, especialmente los niños. Recuerdo pasar las tardes de mi juventud diseñando casas sin puertas, con abundancia de chimeneas y electrodomésticos rotos. Comandaba a mis Sims para que cocinen con fuego sin tener conocimientos de cocina, o los enviaba a reparar la compactadora de basura sin tener conocimientos de mecánica. Los veía con deleite retorcerse en combustión hasta convertirse en una pila de cenizas; los familiares de las víctimas gritando en desesperación, deteniéndose ocasionalmente para caer dormidos sobre un charco de su propia orina o hablar de extraterrestres y deportes. Oh sí, aprendí mucho de ese juego y lo que antes era divertido ahora es una severa advertencia de lo que podría llegar a pasarle a mis vástagos.
Manténganse pues lejos del alcance de los niños electrodomésticos como ser tostadoras, hornos de microondas, pararrayos y orbes de plasma. Se recomienda también especial cuidado con cualquier utilidad que produjese fuego, como chimeneas, hornos, estufas o aquel lanzallamas de tubos de PVC que aprendimos a hacer por Internet.
Es recomendable vestir a los pequeños con ropajes de amianto en todo momento para reducir las posibilidades de quemaduras y electrocución. Sus amiguitos se reirán de sus armaduras de amianto, pero es un precio que vale la pena pagar por la seguridad.

Los niños solo deben viajar en el asiento trasero del automóvil.

Mil veces me prometí a mí mismo que no volvería a poner pie en el boliche Réquiem, y siempre termino rompiendo mi promesa a los dos meses.
Esta vez estaba chateando con una gotiquita que estaba muy buena y, por lo que daba a entender, le cabía la party como a un daguero sin buffs. Ojo, no era fiestera del tipo “me tomo dos tragos, apretamos toda la noche, pedimos un turno en un telo y después cada cual para su casa”. No, esta era fiestera del tipo “me tomo dos tragos, llamo a mi amiga swinger, nos untamos en caramelo y terminamos los dos tomando helado servido en una concha ajena.”
La niña me había dicho que había cortado con su novio hacía un par de meses y creía que ya era hora de volver a salir con alguien. Considerando esa posibilidad, realmente valía la pena ir a Réquiem esa noche, pero entonces tenía dos pequeños problemas de siete y nueve años.

Como una oportunidad así no se presenta a diario y como no confío en nadie lo suficiente para dejarle a cargo las dos razones de mi vida, decidí llevar a los niños al boliche gótico.
El viaje se dio sin sobresaltos y a eso de las 3 AM ya estábamos entrando en Réquiem; yo con mi tradicional atuendo goth y mis niños con sus pijamas de Barney el dinosaurio y Pikachu. Emilio y João no tardaron en tomarle el gusto a un lugar tan exótico y en cuestión de minutos ya los veía jugando a escapar de unos skinheads.

El pequeño Emilio pasándola en grande
en el boliche gótico.

Desgraciadamente para mí las cosas no marcharon tan bien. Mi cita se presentó —y era la mujer más hermosa e interesante que había visto en la semana—, pero también se presentó su ex novio, quien estuvo jodiendo toda la noche, impidiéndome poner en práctica mis estrategias de cortejo. En adición, también se encontraba presente su novio actual, el cual yo suponía inexistente. El caballero parecía no inmutarse ante la situación. Había también un tercer muchacho, pero no lo registré mucho, pues para entonces ya estaba deprimido.

Decidí ahogar mis penas en una lata de cerveza sin recordar que horas antes había consumido antibióticos para una muela que me habían extraído. La combinación fue fatal y lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento es haberme parado sobre la barra a explicar a los gritos por qué el último gótico verdadero cayó en la batalla de los campos cataláunicos y todos los que vinieron después fueron posers.
Un par de horas después recobré el conocimiento. Me quité de encima a la parejita de góticos que confundiéndome con un banco se habían sentado sobre mí para apretar más cómodos (resultaron ser mi cita y un cuarto ex novio), recogí mis pertenencias del suelo, busqué a mis hijos, nos subimos al auto y nos fuimos. Yo estaba realmente estropeado así que le pedí a João que me haga la gauchada y ocupe el lugar de conductor designado. Mi hijo, emocionado con la posibilidad de manejar el 307, aceptó sin objetar y nos condujo directo a la fachada del Café Tortoni, produciendo daños importantes tanto al automóvil como al edificio histórico. Afortunadamente el vehículo contaba con doble airbag y dos de tres salimos ilesos.

Para esa momento ya estaba recuperando la memoria y me preguntaba cómo podía volver a casa en un Peugeot 307 siendo que en la ida había venido en el colectivo 41. Decidimos no hacer preguntas, salir rápido del vehículo y huir antes de que llegasen las autoridades.
Lo que aprendí con todo esto es que los niños siempre deben viajar en el asiento trasero y con el cinturón de seguridad colocado. Bajo ninguna circunstancia debe un niño conducir. Siempre es preferible que lo haga el padre, sin importar el grado de intoxicación alcohólica que este tuviera.

Se debe tener cuidado con los animales.

Ese sábado había decidido llevar a mis pequeños al zoológico para que tuvieran su primer contacto seguro con una naturaleza feroz y salvaje que supimos conquistar a base de progreso, indiferencia y motosierras.
Los pequeños energúmenos se divirtieron como nunca ese día. Fueron a nadar con los flamencos, le tiraron piedras al elefante, acariciaron al señor que vende gaseosas desde fuera del zoo, corretearon turistas. Fui feliz cada minuto de ese hermoso día… hasta que llegamos a la parte de los reptiles. Entonces se desató el caos.
En uno de mis descuidos clásicos mientras intentaba levantarme a una adolescente frente a toda su familia el pequeño Emilio se acercó más de lo debido al serpentario. Su hermano intentó llamar mi atención jalándome de la manga, con la esperanza de que su padre, al advertir la inminente tragedia, pudiese hacer algo para evitarla. Desgraciadamente yo estaba muy concentrado con la señorita en cuestión e interpreté los intentos de João por llamar mi atención como el último recurso de quien sabe que perderá su lugar en mi corazón cuando entre en él la mujer amada. Simplemente lo ignoré.

Minutos más tarde recibía la bofetada con las que suelo terminar mis intentos de levante y volvía a prestarles atención a mis hijos. O al que quedaba, pues el menor había desaparecido.
Inmediatamente sujeté a João por los hombros y le pregunté qué había hecho con su hermano, advirtiéndole que eliminando la competencia no lograría que yo lo quiera más. João me puso al tanto de la situación señalando una enorme boa, la cual se encontraba en pleno proceso de deglución del pequeño Emilio.
Aterrado, reaccioné de la misma manera que lo hubiera hecho cualquier padre en mi situación: llorando abofeteé a João, llamándolo Caín y preguntando cómo pudo hacerle eso a su pobre hermano.
Acto seguido, levanté al niño y lo arrojé al serpentario para que rescatase a Emilio. “¡Ahora es cuando! ¡Usá la técnica de la mangosta que te enseñé!” le dije. El joven João, tal vez tomándolo como un rito de iniciación para convertirse en adulto, asumió la kata de la mangosta y avanzó abriéndose paso entre los ofidios. En segundos se encontraba frente a frente con el leviatán. Tanto João como la boa entendían que en esto no quedaba nada de natural; la ley de la selva había cedido ante el código del guerrero y la vil sierpe escupió su bocado humano y concentró su atención en la nueva amenaza. Emilio, bañado en saliva, corrió a mis brazos y ambos alentamos al nuevo guerrero-mangosta.

Hombre y bestia se enfrascaron en singular combate. Ambos saltaban, se contoneaban, se mordían y estrangulaban. La gente comenzó a agolparse ante la visión de la escaramuza. Viendo la oportunidad de hacer negocio, comencé a levantar apuestas sobre quien saldría victorioso (3 a 1 por la boa).

Dramatización: el Guerrero-Mangosta venciendo
a la sierpe. Detrás Emilio saluda divertido.

Fue una batalla épica como no se había visto jamás en zoológico alguno. Tras una larga y sangrienta pelea, tal vez escrita en antiguas profecías, João emergió victorioso. Bañado en sangre de ofidio, el despertar del guerrero.
Nosotros tuvimos suerte, pero lo cierto es que muy pocos niños sobreviven ataques de animales salvajes. Mi consejo es que o bien entrenen a sus hijos en el camino de las artes del combate y la autodisciplina, o bien los saquen a pasear con correa, arnés o algún tipo de restricción que le impida alejarse mucho mientras ustedes intentan levantar minas.

Tengo cientos de anécdotas como estas que podrías servirles de advertencia, pero desgraciadamente el espacio es tirano en la Internet, así que iré redondeando.
Los días de vacaciones iban llegando a su fin. Con cada semana que pasaba me acercaba más a una idea de la que hubiera deseado poder escapar. Dolorosamente tuve que entender que, por mucho que quisiera a mis niños, no podría criarlos y comenzar un emprendimiento personal a la vez.
En una de las decisiones más difíciles que tomé en mi vida puse en subasta a mis hijos por Mercado Libre. Precio base de $16, pero terminé vendiéndolos a $21. Cinco pesos de ganancia que no se si llegan a compensar el amor que sentía por ellos.
Contrariamente a lo previsto, los chicos no se lo tomaron a mal. Lejos de eso, parecían llorar de felicidad ante la idea de intercambiar a su querido padre por un tal darkgokuh342.
Supongo que todo lo bueno tiene un final, pero el buen recuerdo perdura hasta el día de hoy, y es por eso que estoy feliz, como comenté al principio del update.
Entiendo que muchos de los lectores son jóvenes aún y no se consideran en edad de tener hijos. Mi consejo es: pruébenlo. La paternidad es una experiencia de lo más linda y entretenida. Denle una oportunidad y les aseguro que no se van a arrepentir.

Para ir cerrando y de paso cortar un poco la atmósfera emotiva del update quería compartir con ustedes un proyecto en el que estuve trabajando en estos meses. Se trata nada menos que de un webcomic al que llamo “Las aventuras de la Araña Hombre.” Me llevó semanas de arduo trabajo de edición pero el resultado final bien valió la pena. Pueden verlo clickeando en este link.

Bueno, esto fue cómo criar un hijo para La Internet Apesta y espero que les haya gustado. Chau y hasta la próxima.

7 Responses to “Soltero con hijos”

  1. Cumbias says:

    Cumbias…

    […]Soltero con hijos « La Internet Apesta[…]…

  2. Hispana says:

    Hispana…

    […]Soltero con hijos « La Internet Apesta[…]…

  3. en que invertir…

    […]Soltero con hijos « La Internet Apesta[…]…

  4. FherchuPomelo FherchuPomelo says:

    Jajaj la Araña Hombre!! Jaja y muy bueno el update también! 😀

  5. sigmarumberogen@gmail.com sigmarumberogen@gmail.com says:

    la puta madre, que manera de reirme con esto, en especial con el comic!

  6. GabyGabo says:

    Reconociendo que pasaron 3 años desde que lo posteaste te comento que es muy bueno, me cague de risa!

    Mira que soy papa! JAJAJA es buenisimo men!

  7. Austin Fox says:

    Este fue Excelente! Casi como Fontanarrosa pero sin futbol!!

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